Preámbulos

Lo primero que he de decirle a un escritor novel (como yo en este caso) que se aventure a escribir un libro y a querer publicarlo una vez acabado es: ¡Mucho ánimo!

El proceso para llegar a firmar con una editorial no suele ser ni fácil ni corto. Y hay que ser realistas: muchas obras se quedan en el camino y nunca ven la luz (a menos que el autor opte por la autopublicación). El hecho de que una obra no llegue nunca a publicarse no tiene nada que ver con su calidad (bueno, supongo que a veces sí que tiene que ver un poco). Simplemente hay ocasiones en las que no se da con la gente adecuada, nadie parece prestar atención a tu obra o no consigues ofrecerla a la editorial idónea para publicarla (por diferentes motivos: temas, extensión, público objetivo, etc.). Lo importante es no dejar de creer en tu trabajo si de verdad piensas que es bueno, y que lo intentes y lo sigas intentando hasta que te aburras o, con suerte, encuentres la puerta que te conduzca hasta el siguiente nivel (os aseguro que, cuando eso pasa, la sensación de triunfo es alucinante).

A mí me llevó siete años (sí, has leido bien, he dicho SIETE AÑOS) completar La máquina de escribir. ¿Por qué tanto tiempo? En mi caso, la respuesta es simple: la escritura para mí, por ahora, es más un hobby que un medio de vida y, claro, entre el trabajo, la familia y otros compromisos, quizás no le dediqué todo el tiempo que debiera si hubiera querido acabarla antes de ese periodo. A mí la inspiración me viene a rachas, pero sí he de confesar que, conforme avanzaba con la novela, mi ritmo de escritura se acrecentó y los últimos capítulos los escribí en muy poco tiempo.

Una vez terminada, mi siguiente objetivo fue obvio: conseguir que la publicaran. Aunque probé suerte directamente con alguna editorial, rápidamente me di cuenta de que no conseguiría nada si mi obra no iba respaldada por un agente literario. Así que tracé una nueva ruta para alcanzar mi objetivo y empecé a tantear a algunas agencias. En este sentido sí que tuve mucha suerte de encontrar, en relativamente poco tiempo, a Hera Ediciones Agencia Literaria, capitaneada por Amalia Sánchez, que revisó mi escrito y se ofreció a representarme porque, según su criterio, la novela es muy buena y tenía muchas posibilidades de publicación. Había pasado un año completo desde que terminé de escribirla hasta que Amalia Sánchez se cruzó en mi camino para ser mi representante. Lo recuerdo perfectamente porque me informaron de esta decisión el día de mi cumpleaños (¡vaya regalo improvisado que me hicieron!).

Y no me equivoqué en absoluto al elegir a Amalia y su equipo. Al cabo de sólo cuatro meses, ya tenía una propuesta seria de una editorial, Chiado Editorial, encima de la mesa.

Una vez acordados los términos del contrato, lo firmé en uno de los días más satisfactorios que un autor novel tiene en su carrera. Después de más de ocho años desde que coloqué la primera palabra en un folio en blanco, la sensación de estar tan cerca de un hito tan importante como es publicar tu obra para poder compartirla con el resto del mundo es fantástica.

Y a partir de aquí ya sólo queda la corrección, la maquetación, la creación de la portada, la impresión, la distribución y, finalmente (si hay suerte), la venta. ¡Casi nada! Pero de todo eso hablaremos en próximas entregas.

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