El proceso de crear la cubierta

Uno de los procesos más creativos, interesantes e importantes durante la maquetación de un libro es el diseño de la cubierta.

La cubierta es la cara del libro, lo que llamará la atención (o no) para bien o para mal de todo aquel que pose sus ojos en la obra. Una buena cubierta puede servir para atraer a un lector del mismo modo que una mala o mediocre puede espantarlo por completo, por más que el contenido del libro esté muy bien escrito y sea potencialmente muy interesante. El envoltorio es, a veces, más importante que lo que guarda; al menos, en este caso, a primera vista. Una vez enganchado el lector al contenido, la cubierta pierde toda su importancia y casi su razón de ser, pero habrá cumplido su objetivo por completo. Y es que una cubierta no es más que un producto de marketing cuyo objetivo es captar clientes. Y básicamente de esa forma y con esa finalidad es cómo hay que abordar su diseño.

Si la creación con “palabras” nos parece fascinante a todos los que alguna vez hemos escrito por gusto, la creación plástica o visual con imágenes es igualmente retadora y satisfactoria. “Una imagen vale más que mil palabras”. No sé si esta famosa aseveración es del todo cierta (en el sentido de que “valga” más o sea más adecuada), pero lo que sí es completamente cierto es que, obviamente, una imagen puede llegar a decir mucho más en mucho menos tiempo.

Hablando específicamente de la portada como elemento principal de una cubierta, creo que hay dos cosas fundamentales que deben buscarse en el diseño de una buena portada:

  1. Que sea suficientemente expresiva en relación a la temática de la obra y esté pensada para el tipo de público al que potencialmente se dirige la misma. Es obvio que nadie lee un libro si no sabe de qué va, a menos que sea de un autor conocido o de nuestro gusto particular o, por supuesto, que la obra venga recomendada por otra persona en cuyo criterio poder confiar. Por ello, y como en la portada no suele añadirse más texto que el título, el autor y quizás una frase promocional, la imagen o composición visual elegida debe gráficamente evocar el tono y el contenido del libro (o el tono y el contendio de lo que “pretende venderse”). Es, y perdonad mi insistencia con los símiles con el séptimo arte, como un cartel de cine. Por tanto, es vital encontrar la forma de transmitir al potencial lector una idea o ideas básicas sobre qué es lo que se va a encontrar cuando abra el libro y de qué forma se lo va a encontrar. Si somos unos apasionados del género romántico y encontramos un libro con una portada que muestre explícitamente un dedo cortado y sangrante, y no nos gusta la violencia, nunca optaremos por ese libro aunque en su interior esté la más hermosa historia de amor jamás contada. Si el libro es de amor, la portada debe mostrar ese sentimiento o algo que lo evoque. Si el libro es de terror, la portada debe estar pensada para satisfacer a los amantes de ese género. Si el libro es de misterio, la portada debe sugerir que el lector devorador de dicho género encontrará misterio en sus páginas. Tan simple y tan complejo como eso.
  2. Que sea estéticamente atractiva o que, al menos, provoque curiosidad. Una portada muy concreta o suficientemente explícita no servirá de mucho si no resulta estéticamente atractiva o llamativa. Lo convencional (no confundir con lo clásico) no llamará la atención y lo ambiguo devenirá en indiferencia y desinterés, que es lo último que podemos permitirnos. Por tanto, debe ser interesante, impactante, debe provocar que el potencial lector no pueda apartar su mirada de la portada, al menos durante el tiempo suficiente para que su interés por el material crezca lo necesario para que se “acerque” más al libro. Debe ser un anzuelo con cebo (no necesariamente entendido en el mal sentido) que “pesque” al lector.

En definitiva, como he dicho antes, todo esto conlleva un proceso creativo fascinante.

Asimismo, no hay que olvidar que una cubierta es mucho más que una simple portada, aunque ésta sea la parte más llamativa de la misma. El perfil, la contraportada y la solapa (en caso de que el libro cuente con ella) son otros de los elementos que también hay que tratar con mimo. El ejemplo más claro de esto que digo quizás lo encontremos en la contraportada. Cuando uno fija los ojos en un libro, atraído por su portada, y lo toma en sus manos, antes incluso de abrirlo para ojear algunas páginas, suele darle la vuelta para ver su contraportada. Generalmente, allí encontrará una pequeña sinopsis de la trama, la cual debe haber sido cuidadosamente diseñada para mostrar ciertas pistas acerca de la misma y terminar de captar la atención del lector sobre el material que tiene entre las manos, pero sin desvelar tanto que el libro pierda todo el interés por ser leído (y descubierto; ya que, bajo mi punto de vista, ésa es una de las cosas más satisfactorias que tiene leer un libro: descubrirlo).

Como veis, el trabajo de diseño de la portada perfecta (perfecta para cada obra, se entiende) no es pequeño ni menor dentro del proceso de maquetación de un libro. Es más, es uno de los puntos clave de éste de cara a su posterior venta, y como tal, hay que dedicarle el tiempo y el esfuerzo necesarios para obtener los resultados deseados.

Para La máquina de escribir, os aseguro que estamos poniendo toda nuestra pasión y creatividad para ofreceros una cubierta sugerente, atractiva y, sobre todo, adecuada al material que envolverá.

En cuanto esté lista, la compartiré con todos vosotros.

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