Booktrailer de “La máquina de escribir”

Hola a todos,

Ante todo, ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!! Deseo que este 2014 sea muy positivo en todos los aspectos de vuestras vidas y que la gente, en general, consiga ser cada día un poquito más feliz.

Entrando en materia respecto a este post, os diré que me ha llevado su tiempo y he tardado algo más de lo que debería en tenerlo listo, pero por fin he terminado el booktrailer de La máquina de escribir.

Para aquellos que quizás no lo conozcan, un booktrailer es un elemento de comunicación basado en el mismo principio que los tradicionales trailers de películas pero orientado a los libros; es decir, son avances en los que se pretende dar a conocer una determinada obra literaria de una forma audiovisual (y ahí está lo original de la propuesta).

Podéis verlo en YouTube, en el siguiente enlace:

La máquina de escribir – Booktrailer

Booktrailer

¡Espero de corazón que os guste! (y si alguno aún no ha leído la novela, confío en que esto termine de convencerle para hacerlo, jejeje)

Un fuerte abrazo a todos.

Firma de ejemplares de “La máquina de escribir” en la Feria del Libro de Sevilla

Hola a todos,

Hoy os escribo para comentaros que estaré bastante activo durante la inminente Feria del Libro de Sevilla, que se celebrará del 1 al 12 de mayo.

Concretamente, firmaré ejemplares de La máquina de escribir los días 1, 3 y 9 en los stands de tres librerías distintas (Reguera, La Nueva y Anabel) con el siguiente horario:

  • Miércoles día 1 de mayo de 19 a 20 horas en Librería Reguera (Stand nº25)
  • Viernes 3 de mayo de 18 a 19 horas en Librería La Nueva (Stand nº35)
  • Jueves 9 de mayo de 20 a 21 horas en Anabel Librerías (Stand nº27)

Muy ilusionado y agradecido con las librerías que han apostado por mí y por La máquina de escribir para este evento.

¡Nos vemos en la Feria del Libro!

Paginación completada

La paginación es el proceso al que se somete un texto que pretende convertirse en un libro para conseguir el formato de páginas que finalmente tendrá la versión impresa del mismo.

Hoy en dia, cuando uno escribe, normalmente lo hace utilizando un ordenador y un software de procesamiento de texto, como Microsoft Word, Pages (de Apple) u OpenOffice (software libre, sin licencia). Es muy raro encontrar a gente que aún utilice un papel y un lápiz o bolígrafo, o incluso una máquina de escribir para redactar textos, sean de la índole que sean. E incluso en esos extraños casos, al final, a la hora de publicar, todo acaba digitalizándose. Vivimos en un mundo binario, de ceros y unos, y es inevitable acabar pasando por los ordenadores cuando se llega al proceso final de la edición de un libro.

Sea como sea, una de las principales ventajas del formato digital es que permite revisar y corregir de forma fácil, una y otra vez, el texto escrito. O, visto de otra forma, nos permite equivocarnos más, nos permite perfeccionar nuestra escritura al máximo, pero a la vez nos hace dependientes de lo “grabado”. Seguramente muchos de los escritores contemporáneos no serían capaces de escribir “en directo”, dando por bueno sus textos sin revisarlos ni modificarlos (aunque dudo mucho que los escritores de antes, que no tenían estos medios, escribieran todas sus obras sin el más mínimo error o modificación antes de convertirlas definitivamente en libros). Esto no es malo, es sólo una aplicación eficaz de las herramientas existentes que, a día de hoy, hacen más cómodas y fáciles algunas tareas. Y, concretamente hablando de la escritura, bajo mi punto de vista supone una puerta más grande a esta actividad, una puerta por la que, afortunadamente (por la libertad de expresión que ello conlleva), hoy entran más personas de las que antiguamente lo hacían.

Con respecto al proceso de paginación en sí, la clave es: revisar, revisar y volver a revisar. Y cuando está todo corregido, ¡sigue habiendo fallos! Resulta increíble que, por más que uno lee y relee su obra, incluso cuando ésta ha sido leída y corregida a su vez por terceras personas, siempre acaba escapándose algo. ¿Cómo es posible que no me diera cuenta de que esta palabra estaba mal escrita? ¿Cómo no vi antes que en esa frase faltaba una coma? ¿Cómo he podido leer cuatro veces mal esa palabra, dándola por buena cuando no lo es? Bueno, esto pasa; y supongo que a lo que debemos aspirar es a que nuestra obra se edite con los mínimos fallos posibles.

Como avanzaba en su título, con este post solo quiero informaros de que la paginación de La máquina de escribir ya está finalizada.

El libro va a tener unas 600 páginas y no podéis imaginar lo que se siente cuando uno ve la maqueta provisional de su obra, ya paginada, correctamente tabulada y formateada, con el texto tratado profesionalmente; esas mismas palabras que un día salieron de mi cabeza y mis dedos hacia las páginas digitales de un fichero de ordenador, ahora ya están estéticamente dispuestas, bonitas, … ¡ahora ya sí que parece un libro!

Pues con esa sensación de satisfacción y alegría interna, y con muchas ganas de ver el resultado final en papel, os dejo hasta el próximo post.

¡¡¡Felices Fiestas a todos y Feliz Año 2013!!!

Capítulos

Con este post sólo quiero seguir anticipando, poco a poco, algunas de las características del libro La máquina de escribir, ahora que ya estamos en la fase final de la maquetación y justo antes de la fase de impresión.

Y hoy os comentaré un breve apunte sobre los capítulos de la obra.

La máquina de escribir tendrá finalmente 24 + 1 capítulos. El hecho de escribirlo de esa forma no tiene nada que ver con que yo sea supersticioso con respecto al número 25 o que no me guste, es simplemente porque el libro tiene 24 capítulos numerados, más un capítulo inicial no numerado que sirve como introducción a la trama que luego se cuenta en el mismo. Este capítulo inicial, que podríamos llamar “capítulo 0”, no es un prólogo al uso ni una presentación, es un capítulo más y forma parte de la estructura de la obra.

A lo largo del proceso de escritura es posible tener muy claro de antemano la distribución por capítulos del texto escrito, pero en mi caso no es lo habitual. Aunque la estructura general siempre estuvo dentro de mi cabeza, conforme iba plasmando en papel (o mejor dicho, en el ordenador) los párrafos en los que describía los acontecimientos que suceden en la obra, iba modificando (ligeramente, todo hay que decirlo) la distribución inicial por capítulos que había trazado. Considero que eso es algo que proporciona libertad a la hora de valorar e implantar el ritmo del texto en su globalidad y creo que fue muy sano ir modificando la estructura capitular del libro según mi instinto me iba dictando. El mismo capitulo inicial, el llamado “capítulo 0”, fue insertado cuando la obra estaba desarrollada en aproximadamente un 50%; y os confieso que inicialmente no tenía previsto que fuese así. Incluso al final, una vez acabé de escribir la obra completa, terminé dividiendo un capitulo en dos porque la extensión del mismo era excesiva (bajo mi punto de vista) y su temática permitía e invitaba claramente a su disección en dos partes.

Así que, al final, encontraréis 25 partes o pequeñas historias, no independientes pero sí con entidad propia, dentro de las páginas de La máquina de escribir.

El proceso de crear la cubierta

Uno de los procesos más creativos, interesantes e importantes durante la maquetación de un libro es el diseño de la cubierta.

La cubierta es la cara del libro, lo que llamará la atención (o no) para bien o para mal de todo aquel que pose sus ojos en la obra. Una buena cubierta puede servir para atraer a un lector del mismo modo que una mala o mediocre puede espantarlo por completo, por más que el contenido del libro esté muy bien escrito y sea potencialmente muy interesante. El envoltorio es, a veces, más importante que lo que guarda; al menos, en este caso, a primera vista. Una vez enganchado el lector al contenido, la cubierta pierde toda su importancia y casi su razón de ser, pero habrá cumplido su objetivo por completo. Y es que una cubierta no es más que un producto de marketing cuyo objetivo es captar clientes. Y básicamente de esa forma y con esa finalidad es cómo hay que abordar su diseño.

Si la creación con “palabras” nos parece fascinante a todos los que alguna vez hemos escrito por gusto, la creación plástica o visual con imágenes es igualmente retadora y satisfactoria. “Una imagen vale más que mil palabras”. No sé si esta famosa aseveración es del todo cierta (en el sentido de que “valga” más o sea más adecuada), pero lo que sí es completamente cierto es que, obviamente, una imagen puede llegar a decir mucho más en mucho menos tiempo.

Hablando específicamente de la portada como elemento principal de una cubierta, creo que hay dos cosas fundamentales que deben buscarse en el diseño de una buena portada:

  1. Que sea suficientemente expresiva en relación a la temática de la obra y esté pensada para el tipo de público al que potencialmente se dirige la misma. Es obvio que nadie lee un libro si no sabe de qué va, a menos que sea de un autor conocido o de nuestro gusto particular o, por supuesto, que la obra venga recomendada por otra persona en cuyo criterio poder confiar. Por ello, y como en la portada no suele añadirse más texto que el título, el autor y quizás una frase promocional, la imagen o composición visual elegida debe gráficamente evocar el tono y el contenido del libro (o el tono y el contendio de lo que “pretende venderse”). Es, y perdonad mi insistencia con los símiles con el séptimo arte, como un cartel de cine. Por tanto, es vital encontrar la forma de transmitir al potencial lector una idea o ideas básicas sobre qué es lo que se va a encontrar cuando abra el libro y de qué forma se lo va a encontrar. Si somos unos apasionados del género romántico y encontramos un libro con una portada que muestre explícitamente un dedo cortado y sangrante, y no nos gusta la violencia, nunca optaremos por ese libro aunque en su interior esté la más hermosa historia de amor jamás contada. Si el libro es de amor, la portada debe mostrar ese sentimiento o algo que lo evoque. Si el libro es de terror, la portada debe estar pensada para satisfacer a los amantes de ese género. Si el libro es de misterio, la portada debe sugerir que el lector devorador de dicho género encontrará misterio en sus páginas. Tan simple y tan complejo como eso.
  2. Que sea estéticamente atractiva o que, al menos, provoque curiosidad. Una portada muy concreta o suficientemente explícita no servirá de mucho si no resulta estéticamente atractiva o llamativa. Lo convencional (no confundir con lo clásico) no llamará la atención y lo ambiguo devenirá en indiferencia y desinterés, que es lo último que podemos permitirnos. Por tanto, debe ser interesante, impactante, debe provocar que el potencial lector no pueda apartar su mirada de la portada, al menos durante el tiempo suficiente para que su interés por el material crezca lo necesario para que se “acerque” más al libro. Debe ser un anzuelo con cebo (no necesariamente entendido en el mal sentido) que “pesque” al lector.

En definitiva, como he dicho antes, todo esto conlleva un proceso creativo fascinante.

Asimismo, no hay que olvidar que una cubierta es mucho más que una simple portada, aunque ésta sea la parte más llamativa de la misma. El perfil, la contraportada y la solapa (en caso de que el libro cuente con ella) son otros de los elementos que también hay que tratar con mimo. El ejemplo más claro de esto que digo quizás lo encontremos en la contraportada. Cuando uno fija los ojos en un libro, atraído por su portada, y lo toma en sus manos, antes incluso de abrirlo para ojear algunas páginas, suele darle la vuelta para ver su contraportada. Generalmente, allí encontrará una pequeña sinopsis de la trama, la cual debe haber sido cuidadosamente diseñada para mostrar ciertas pistas acerca de la misma y terminar de captar la atención del lector sobre el material que tiene entre las manos, pero sin desvelar tanto que el libro pierda todo el interés por ser leído (y descubierto; ya que, bajo mi punto de vista, ésa es una de las cosas más satisfactorias que tiene leer un libro: descubrirlo).

Como veis, el trabajo de diseño de la portada perfecta (perfecta para cada obra, se entiende) no es pequeño ni menor dentro del proceso de maquetación de un libro. Es más, es uno de los puntos clave de éste de cara a su posterior venta, y como tal, hay que dedicarle el tiempo y el esfuerzo necesarios para obtener los resultados deseados.

Para La máquina de escribir, os aseguro que estamos poniendo toda nuestra pasión y creatividad para ofreceros una cubierta sugerente, atractiva y, sobre todo, adecuada al material que envolverá.

En cuanto esté lista, la compartiré con todos vosotros.

4 meses

Conforme se va avanzando en el proceso de edición (corrección, paginación, cubierta, impresión, etc.) se van empezando a concretar ciertas fechas importantes. Y una de ellas es, sin duda, el lanzamiento oficial del libro y su correspondiente “presentación en sociedad”.

Aunque en primera instancia todos deseábamos que el libro pudiera estar en las librerías de todo el país para estas Navidades, la realidad es que todos estos procesos llevan su tiempo, hay muchas variables a controlar y muchas personas involucradas que, por supuesto, tienen mucho que decir en todo esto.

Por tanto, una cosa es el deseo y otra es la realidad. Un deseo es que las librerías estén preparadas en todo momento para recibir el libro y una realidad es que ninguna librería acepta libros para Navidades más allá del 5 de noviembre. Un deseo es que la impresión no lleve más de un mes y una realidad es que las imprentas están saturadas y tardan unos dos meses en imprimir el libro. Un deseo es que, una vez impreso, el libro esté al día siguiente en las librerías y una realidad es que la distribución de literatura lleva su tiempo y no es inmediata. Un deseo es que la maquetación lleve poco tiempo y una realidad es que, para que todo esté perfecto, hay que conjugar muchos aspectos y detalles que, obviamente, lleva tiempo afinar.

En definitiva, que todas estas variables, algunas más controlables que otras, me llevan a informaros que la presentación oficial de La máquina de escribir se hará dentro de cuatro (4) meses aproximadamente, allá por marzo de 2013. Y será entonces cuando podáis encontrar la obra en librerías de toda España.

Por supuesto, seguiré informando puntualmente de novedades, noticias y actualizaciones, pero hasta la fecha comentada no podréis leer el libro. Sinceramente espero que estos meses pasen muy rápido, porque estoy deseando poder compartir la obra con vosotros.

¡Ahora toca esperar con ilusión!

Preámbulos

Lo primero que he de decirle a un escritor novel (como yo en este caso) que se aventure a escribir un libro y a querer publicarlo una vez acabado es: ¡Mucho ánimo!

El proceso para llegar a firmar con una editorial no suele ser ni fácil ni corto. Y hay que ser realistas: muchas obras se quedan en el camino y nunca ven la luz (a menos que el autor opte por la autopublicación). El hecho de que una obra no llegue nunca a publicarse no tiene nada que ver con su calidad (bueno, supongo que a veces sí que tiene que ver un poco). Simplemente hay ocasiones en las que no se da con la gente adecuada, nadie parece prestar atención a tu obra o no consigues ofrecerla a la editorial idónea para publicarla (por diferentes motivos: temas, extensión, público objetivo, etc.). Lo importante es no dejar de creer en tu trabajo si de verdad piensas que es bueno, y que lo intentes y lo sigas intentando hasta que te aburras o, con suerte, encuentres la puerta que te conduzca hasta el siguiente nivel (os aseguro que, cuando eso pasa, la sensación de triunfo es alucinante).

A mí me llevó siete años (sí, has leido bien, he dicho SIETE AÑOS) completar La máquina de escribir. ¿Por qué tanto tiempo? En mi caso, la respuesta es simple: la escritura para mí, por ahora, es más un hobby que un medio de vida y, claro, entre el trabajo, la familia y otros compromisos, quizás no le dediqué todo el tiempo que debiera si hubiera querido acabarla antes de ese periodo. A mí la inspiración me viene a rachas, pero sí he de confesar que, conforme avanzaba con la novela, mi ritmo de escritura se acrecentó y los últimos capítulos los escribí en muy poco tiempo.

Una vez terminada, mi siguiente objetivo fue obvio: conseguir que la publicaran. Aunque probé suerte directamente con alguna editorial, rápidamente me di cuenta de que no conseguiría nada si mi obra no iba respaldada por un agente literario. Así que tracé una nueva ruta para alcanzar mi objetivo y empecé a tantear a algunas agencias. En este sentido sí que tuve mucha suerte de encontrar, en relativamente poco tiempo, a Hera Ediciones Agencia Literaria, capitaneada por Amalia Sánchez, que revisó mi escrito y se ofreció a representarme porque, según su criterio, la novela es muy buena y tenía muchas posibilidades de publicación. Había pasado un año completo desde que terminé de escribirla hasta que Amalia Sánchez se cruzó en mi camino para ser mi representante. Lo recuerdo perfectamente porque me informaron de esta decisión el día de mi cumpleaños (¡vaya regalo improvisado que me hicieron!).

Y no me equivoqué en absoluto al elegir a Amalia y su equipo. Al cabo de sólo cuatro meses, ya tenía una propuesta seria de una editorial, Chiado Editorial, encima de la mesa.

Una vez acordados los términos del contrato, lo firmé en uno de los días más satisfactorios que un autor novel tiene en su carrera. Después de más de ocho años desde que coloqué la primera palabra en un folio en blanco, la sensación de estar tan cerca de un hito tan importante como es publicar tu obra para poder compartirla con el resto del mundo es fantástica.

Y a partir de aquí ya sólo queda la corrección, la maquetación, la creación de la portada, la impresión, la distribución y, finalmente (si hay suerte), la venta. ¡Casi nada! Pero de todo eso hablaremos en próximas entregas.